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lunes, 1 de abril de 2019

Bajada de Nazareno de San Pablo 31/3/2019

Salida en Hombro
Cofraderia de Nazareno de San Pablo







EN MISA DOMINICAL

LA PALABRA DE DIOS
Jos 5, 9-12: “Hoy les he quitado de encima el oprobio que sufrieron en Egipto”
En aquellos días, el Señor dijo a Josué:
— «Hoy les he quitado de encima el oprobio que sufrieron en Egipto».
Los israelitas acamparon en Guilgal y celebraron la Pascua al atardecer del día catorce del mes, en la llanura de Jericó.
Al día siguiente de la Pascua, ese mismo día, comieron del fruto de la tierra: pan sin levadura y trigo tostado.
Cuando comenzaron a comer del fruto de la tierra, dejó de caer el maná. Los israelitas ya no tuvieron más el maná, sino que aquel año comieron de la cosecha de la tierra de Canaán.
Sal 33, 2-7: “Gusten y vean qué bueno es el Señor”
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren.
Proclamen conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias.
Contémplenlo, y quedarán radiantes
su rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor,
Él lo escucha y lo salva de sus angustias.
2 Cor 5, 17-21: “Dios, por medio de Cristo, nos reconcilió consigo”
Hermanos:
El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado.
Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos re­concilió consigo y nos encargó el ministerio de la reconcilia­ción.
Es decir, Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mun­do consigo, sin pedirle cuentas de sus pecados, y a nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación.
Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo los exhortara por medio de nosotros.
En nombre de Cristo les pedimos que se reconcilien con Dios.
Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a Él, recibamos la salvación de Dios.
Lc 15, 1-3. 11-32: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”
En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmu­raban entre ellos:
— «Éste acoge a los pecadores y come con ellos».
Jesús les dijo esta parábola:
— «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre:
“Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde”. El padre les repartió los bienes.
Pocos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, partió a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdi­damente.
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y comenzó a pasar necesidad.
Fue entonces a servir a casa de un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cer­dos; pero nadie le daba de comer.
Entonces recapacitó y se dijo:
“¡Cuántos trabajadores en la casa de mi padre tienen abun­dancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre! Ahora mismo me pondré en camino e iré a la casa de mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus trabajadores”.
Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y corrió a su encuen­tro, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.
Su hijo le dijo:
“Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”.
Pero el padre dijo a sus criados:
“Saquen en seguida el mejor traje y vístanlo; pónganle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traigan el ternero ceba­do y mátenlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido encontrado”.
Y empezaron el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo.
Cuando, al volver, se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó:
“Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado sano y salvo”.
Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre:
“Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con prostitutas, haces matar, para él, el ternero más gordo”.
El padre le dijo:
“Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido encontrado

Vuelve otra vez y te espera abajo para Semana Santa 2019











Nuestra Madre Virgen Maria

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